Empeñados en ser felices, en encontrar ese estado de absoluta armonía.
Y mientras nos preocupamos en encontrar la felicidad, pasan por nuestra vida momentos, lugares, personas...que no sabemos valorar porque no somos conscientes de que existen, porque andamos tan ensimismados en la búsqueda de la fortuna.
Hay que valorar todo aquello que nos sucede, que va pasando, a las personas, los hechos, palabras...
Divertirse, aprender...y sobre todo, disfrutar.
Sea lo que fuere, la felicidad es un trayecto, no un destino.
No hay que vivir anclados en el pasado, ni pensar en futuros inciertos. Vivir el presente, con sus altibajos, momentos buenos y malos, cayendo y levantándose sin mirar los cardenales de tus rodillas.
Disfrutar de todo aquello que te rodea, sin darle demasiada importancia a las cosas.
Todo llega, en su debido momento.
Todo pasa, cuando tiene que pasar.
Y todo cambia, sin miedo a lo que venga.
"Y si tuviera que elegir un epitafio para mi tumba, si duda, elegiría este: No fue feliz, pero se divirtió "
No hay comentarios:
Publicar un comentario