Y cuando algo va mal nos desahogamos.
Por nuestra boca salen serpientes, maldades, palabras llenas de rabia.
Por un momento, pasamos de ser civilizados a ser salvajes.
Un instante en el que podemos perder la razón.
Unos minutos en el que soltamos nuestra furia e ira.
Después es posible que llegue el llanto y arrepentimiento, pero mientras tanto hay que dejarlo salir.
En eso consiste el desahogo.
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